Que los ruidos te perforen los dientes como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas. Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato. Que al salir a la calle hasta los faroles te corran a patadas, que cuando quieras decir: "mi amor" digas: "pescado frito", que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo... seas tú el que te arrojes en las salivaderas
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