No pienses ahora en el tiempo de agujas, en el tiempo de pobres desesperaciones. Ahora sólo existe el anhelo desnudo, el sol que se desprende de sus nubes de llanto, tu rostro que se interna noche adentro, hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa. Puedes querer el alba, cuando ames. Puedes, venir a reclamarte como eres. He conservado intacto tu paisaje. Lo dejaré en tus manos cuando éstas lleguen, como siempre, anunciándote. Puedes venir a reclamarte como eras. Aunque ya no seas tú, aunque mi voz te espere, sola en su azar, quemando y tu sueño sea eso y mucho más. Puedes amar el alba, cuando quieras. Mi soledad ha aprendido a ostentarte, esta noche, otra noche tú estarás, y volverá a gemir el tiempo giratorio, y los labios dirán esta paz ahora, esta paz ahora. Ahora puede venir a reclamarte, penetrar en tus sábanas de alegre angustia, reconocer tu tibio corazón sin excusas, los cuadros persuadidos, saberte aquí. Habrá para vivir cualquier huida, y el momento de la espuma y el sol, que aquí permanecieron. Habrá para aprender otra piedad, y el momento del sueño y el amor, que aquí permanecieron. Esta noche, otra noche, tú estarás, tibia estarás al alcance de mis ojos, lejos ya de la ausencia que no nos pertenece. He conservado intacto tu paisaje, pero no sé hasta dónde esté intacto sin ti, sin que tú le prometas horizontes de niebla, sin que tú le reclames su ventana de arena. Puedes querer el alba cuando ames, debes venir a reclamarte como eras. Aunque ya no seas tú, aunque contigo traigas dolor y otros milagros. Aunque seas otro rostro, de tu cielo hasta mí.
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